Cuando el Estado No Funciona.

Cuando el Estado No Funciona.

23 junio, 2021 3 Por Claudio De Siervi

Y finalmente llegó el turno de la segunda dosis para mi padre. Él tiene 88 años, italiano de origen y una vida de trabajo duro de 70 años en Argentina.

Nos avisaron a través de la aplicación y luego por mail. Claro, a las personas mayores les cuesta un poco la tecnología. Ni siquiera tiene celular, ni mucho menos email. Aunque todos los avisos llegaron a tiempo y fueron procesados por mi madre y mi hermana que si son amigas de la tecnología.

Llegó el día y nos dispusimos a transitar los 15 kilómetros (o mas de 50 minutos en automóvil) desde su casa en Ramos Mejía hasta el Hospital Hospital Samic Presidente Néstor Kirchner, en la Ruta 3 de la localidad de González Catán en el partido de La Matanza.

Ya en la primer dosis me pregunté porqué le dieron un turno de vacunación tan lejos de su hogar? Será que no había vacunas y las que había estaban allí? Esa vuelta tocó en Virrey del Pino y nos pareció una excepción, que a la postre confirmaría la regla que es: viejo… te tocó lejos.

Y fuimos hoy, miércoles 23 de Junio de 2021, llegando a tiempo, como lo indicaba la aplicación: a las 9 AM. Al llegar vimos muchas personas. MUCHAS. Tantas que hacían cola en el playon del hospital, esperando la vacuna.

Me llamó la atención que había 2 colas, de casi 150 metros cada una. Si lo medimos en personas, digamos que eran algo así como 100 personas en cada fila, que con el correr del tiempo se fueron haciendo mas y mas largas. En la foto se ve mi padre y su bastón acompañándome a su ritmo en la primer cola y preguntándose: porque tanta gente su me dieron un turno?

Hacia 12 grados de temperatura, aunque en el playon del hospital, hacían unos 6° de sensación térmica, por efecto del viento y las nubes. Casualmente todos eran personas de edad, mayores de 80 años. Muchos solos, otros con acompañantes.

Unos datos preliminares de alguien encargado de registrar, y pasamos a la segunda cola. De pronto alguien sugirió: decile al abuelo (o sea mi viejo) que pase y se siente adentro, al menos no le pegará el viento. Y así lo hizo, mientras yo iba al final de la segunda fila, esta vez de mas de 150 metros.

Mientras hacía la cola, pensaba en el tiempo en el tiempo que estaba perdiendo, en el día de trabajo que seguramente perdería y en la pobre gente que estaba a mi lado, en una cola que ya era mayor a 200 metros. Y mientras lo hacía los 6° de sensación térmica y el viento me mantenían despierto y expectante.

20 minutos después, la fila se empezó a mover. Y en una de las ventanas abiertas por protocolo vi a mi padre, sentado en una silla de plástico, conversando con un compañero de viaje mas joven con unos 86 años que estaba en la misma espera. Luego me dijo que con el barbijo no le entendía mucho.

De pronto me llamó la atención al mirar por una ventana el interior de semejante hospital: en verdad solo son paredes blancas y vidrio en las ventanas. No es un hospital. Al menos no un hospital como lo conocemos en la realidad. Este es un gran edificio con una fachada imponente, pero vacío: sin médicos, ni profesionales de la salud. Sin aparatos, ni servicios hospitalarios. Solo cartón pintado.

A esa altura me preguntaba que pasaría si alguien tuviera un problema con la vacuna, o simplemente un desmayo!. Y empecé a buscar personal de salud y gracias a Dios encontré una ambulancia en la puerta. Ni bien la ubiqué pude ver un accidente en una de las escaleras de la entrada: dos mayores se tropezaron y cayeron uno sobre otro. Nada grave, solo un golpe, diría un funcionario.

Feliz porque la cola avanzaba, llegué a la única puerta de ingreso y egreso de los mas de 250 personas que había en el lugar. Estaban permitiendo el ingreso de mas personas para que la cola se realice en el interior del lobby del hospital, devenido en vacunatorio.

Y de pronto, lo mejor de la mañana: una de las personas encargadas de la organización solicitando “amablemente” que mantengamos la distancia de 2 metros entre persona y persona, de forma de evitar los contagios del virus por el que nos veníamos a vacunar. 2 metros por 150 personas, son 300 metros de cola en un espacio que apenas tenia 30 metros. Alguien con sentido común en la sala?

A esa altura, el caos era dueño del lugar, y la paciencia se había acabado, dando lugar a incertidumbre sobre como seguí la historia.

Luego me atendieron para anotar en un papel datos básicos (que ya estaban en la aplicación) y asignarme una nueva cola, esta vez interna y de menos personas. busque a mi padre y le indique que ya estábamos cerca. Al final nació mi corazón de motivador para que la esperanza no decaiga ante semejante despliegue de tiempo.

Y llegó el momento. A esa altura lo único que quería es que no confundieran 2da dosis con 1era dosis. No importaba si era Sputnik, Astra Zeneca o Pfizer, solo quería que lo vacunaran para terminar el proceso.

Lo bueno y destacable, era la atención del personal de salud o los que uno supone son enfermeras que daban la vacuna. Destacable!

Mientras esperaba los 15 minutos de resguardo que sugiere el protocolo, luego de cualquier vacunación tuve oportunidad para recorrer el lobby. Observe por una ventana el tremendo edificio que involucra el futuro hospital, y como cierta parte de la mampostería sufre los efectos de la humedad del techo que hizo que el yeso se cayera y dejara a la luz chapas y mampostería sin terminar.

Una pena ver el estado en que ese espacio se estaba degradando con el paso del tiempo.

Uno de los acompañantes de otra persona mayor me decía que el hospital fue inaugurado mas de 10 veces, en los mas de 10 años que lleva su construcción. Ver info

Porque aunque no lo creas, lo siguen construyendo!

Y nos fuimos. Antes, no pude con mi genio y realicé una sugerencia a una de las personas que se veía preocupada porque todo funcione. Simplemente le dije que con un talonario de $50 podía repartir números a las personas que llegaban y así evitar tener que hacer una y otra vez filas que solo complicaban el funcionamiento.

Como siempre digo, lo mejor esta por venir. Y la sorpresa fue al salir del predio.

Personal de no se que empresa, se encontraba en la puerta del futuro nosocomio realizando arreglos de base en la vereda del lugar. Cuando digo arreglos no me refiero a un parche, sino a un rearmado de la vereda que parecía haber sufrido un bombardeo de guerra.

Y así, todas las personas que, como mi padre (en la foto) tenían que transitarla con su bastón, muleta o silla de rueda, eran acogidas por esta obra que desplegaba entre otros: pozos de 2 metros de profundidad, vayas no señalizadas y veredas INTRANSITABLES hasta para mi persona, imposible para personas con movilidad reducida.

Lecciones aprendidas

  • Si te toca un turno en un vacunatorio temprano, no vayas a la hora que te dicen. Estoy seguro que después de las 11 todo se normalizó.
  • Si tenes una persona mayor en la familia, NUNCA lo dejes ir solo. El caos que reinaba en el lugar es inmanejable hasta para cualquier joven
  • Por error o por desidia, se citaron a mas de 250 abuelos a la misma hora en el mismo vacunatorio. Esto no es una lección aprendida (al menos para mí), sino un ERROR (para los funcionarios encargados) que roza con los derechos humanos. Hay una probabilidad que pueda ocurrir… si. Pero TOTALMENTE EVITABLE.
  • Cualquier persona o empresa que alguna vez haya organizado un operativo, sabe que un operativo así, se puede organizar de manera que
    • se consideren los 6°C de sensación térmica,
    • la presencia de personas mayores (con todo lo que ello implica, como ser hablar fuerte y hablar lento para que todos entiendan),
    • evitar aglomeraciones de personas en un espacio cerrado,
    • colocar cartelería que indique visualmente lo que hay que hacer o donde dirigirse (la única cartelería que había era la de agradecimiento a un ex-presidente de Argentina)
    • la identificación clara de las personas que colaboraban con el operativo
    • considerar atención de emergencia, para accidentes o problemas con la vacuna en sí.

LO IMPORTANTE: hoy mi padre ya tiene las dos dosis contra el Covid-19.
Así que desde ese punto de vista misión cumplida. Para todo lo demás, mucho por mejorar.

Claudio De Siervi